Todo cambió…

Mientras tanto, el oro del tiempo pasa delante de mí… Y nada, absolutamente nada me devuelve la sonrisa borrada. 

El otoño envuelve el parque del Tío Jorge… Y todo cambió radicalmente… Ya no están nuestros columpios, el espacio se distribuye de otra forma en que yo lo conocí… 

Todo, todo se transforma inevitablemente. Y no a peor; por supuesto que no. Los niños corretean, los jóvenes vitales y activos… Y el sol calienta acariciando la mañana.

Y me siento feliz, aunque no sonría… Amo mi vida, amo la vida y amo a quienes amo y amé… Por ese orden tan extraño en mí.

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