Morir es Fácil (Segunda Parte)

El pasado domingo 23 de agosto me tocó vivir la experiencia mas dura de mi vida, sin lugar a dudas.
Después de recibir el alta médica por peritonitis y estar al borde de la muerte… Respiré tranquilo y feliz pensando que la pesadilla había acabado. Muy lejos de la cruel realidad.

Tomé una infusión con Susy, como cientos de domingos; sentados en una terraza del pueblo… Y al levantarme de la mesa, me di cuenta que mi camiseta llevaba una redonda mancha. Recuerdo que me hizo gracia porque pensé haberme apoyado en algún lugar mojado ( en la barra del bar, por ejemplo ). No le di importancia…y esto fue el comienzo de la gran pesadilla que a día de hoy no ha acabado aún.

Seguí caminando hacia casa, mientras Susy compraba el pan tierno para casa en la tienda…

Me horroricé al pasar junto a una señora y ver como miraba a mi camiseta… Empapada hasta arriba por delante. Me subí la camiseta y comprobé como mi cicatriz emanaba liquido extraño transparente, algo vizcoso… No era agua.
Corrimos al hospital de nuevo.

Del susto al principio me bajó la tensión, pero una vez tumbado en el coche, tranquilicé a Susy. Me encontraba perfectamente. Lo pensaba, pero no era así en realidad.

Después de esperar cinco horas en urgencias (razonables) por cuestiones obvias, el joven cirujano me exploraba la cicatriz en vivo con un bisturí, de la operación más reciente… Con el peor diagnóstico. Los puntos internos estaban abiertos, una enorme cantidad de líquido turbio salía de mis entrañas… Estaba infectado y toda la operación se había soltado. Y no era de unas horas… Ya era de tres o cuatro días, desde que se acabó el antibiótico de la peritonitis que pensaba tener curada, por tener el alta hospitalaria y enviarme a casa…
El peor trago es tener una hora para hablar con tu mujer de tus últimos deseos. Era la única hora de decir lo que fuese… El vientre abierto y una infección, todavía por comprobar su magnitud.

Decidir por tus órganos en caso de que ya no saliese de aquella… Buenos deseos y alguna oración. Me puse muy triste, al sentirme impotente del tesoro que podría dejar en pocos momentos. Y paradójicamente me sentía físicamente perfecto. No estaba demasiado asustado… Es difícil explicar…
En el pasillo, tumbado en la camilla, junto al ascensor, saqué lágrimas a dos enfermeras, dejé abrazos pendientes… Les contaba que mi vida no había sido en vano, dejaría a cuatro hijas, un nieto precioso… Mi ojos habían visto muchísimas cosas… Quizás demasiadas. Algún viaje pendiente por realizar si me libraba de esa…

Sin embargo las circunstancias eran horrorosas y oscuras en ese instante…
Todavía recuerdo las puertas del quirófano cerrándose y Susy llorando.
Hoy, me encuentro en la cama de un hospital, después de cuatro días de la grave intervención que duró tres horas, aunque fueron más de cinco horas en total con el tiempo en salir de la sala de reanimación.

Sigo vivo y estoy curándome de esta pesadilla, que se está curando con muchísimas proteínas, para cerrar puntos. Antibióticos para luchar contra la bacteria que casi me mata dos veces en unos días… Me han prometido no llevar prisa, aislado en una de las mejores habitaciones de este hospital.
Pero ahora quiero olvidar, olvidarme de todo.
Y vivir. Aunque a veces cueste.

Quiero venirme arriba… Lo tengo claro.

P. D.

Pendiente de modificaciones ortográficas y otras correcciones al estar escrito casi en borrador.

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