Una lección de salud y de sabiduría

No, normalmente este no es un blog de salud, pero ya dije alguna vez que este lugar es una playa donde yo recojo conchitas y otras cosas que me encuentro en mi camino… Algunas de estas, son difíciles de encontrar y por ello me las guardo en este blog… Sin más preámbulos recorto y pego.

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“Extirpé parte de mi estómago, que también era cerebro”

 

Tengo 44 años: fui obeso mórbido y ya no lo soy gracias a un by-pass gástrico. La obesidad es una enfermedad neurológica. Creo que el alzheimer y la epilepsia son causados por un problema circulatorio. El estómago también tiene cerebro.

Ha adelgazado…

No tenía más remedio. ¡Y mucho! Mi diabetes empeoraba.

Veo que ya se controla.

Espero que usted no sea de los que creen que los gordos lo somos por autoindulgentes e incapaces de disciplina.

No he dicho eso.

Mejor, porque ese error perjudica la imagen de millones de enfermos de obesidad.

¿Enfermos? ¿No basta con cuidarse?

Científicamente, el obeso es un enfermo. La Asociación Médica Estadounidense (AMA) acaba de clasificar la obesidad como una enfermedad.

¿Usted se considera un enfermo?

Si quiere personalizar, personalicemos. Yo me doctoré en Harvard e investigué hasta dirigir uno de los laboratorios de neurofisiología punteros en el mundo…

Me consta

Y no es fácil lograrlo sin un nivel de autodisciplina, renuncia y sacrificio muy alto. Si la obesidad fuera mera cuestión de autocontrol, yo no hubiera sido obeso, porque autodisciplina he demostrado toda la vida.
¿Por qué engordaba usted entonces?

Como joven investigador me di cuenta de que mi obesidad debía de ser un trastorno neurológico, porque yo podía gestionar todas las áreas de mi vida excepto la comida. Así fui cerciorándome de que no sólo hay cerebro en el cráneo, sino también en el estómago, porque también tiene neuronas.

¿Neuronas como las del cerebro?

Sí, y fabrican, además, los mismos neurotransmisores que las del cerebro. Entre ellos, la serotonina, que se genera en gran parte en el estómago. Los esquizofrénicos, por ejemplo, sufren desequilibrios en la serotonina y…, ¿sabe qué?

¿…?

Que también suelen sufrir del estómago. Porque nuestro estómago tiene un cerebro sin conciencia, pero con una enorme capacidad de procesamiento, que es la que permite al sistema nervioso entérico gestionar la transformación de alimentos en nutrientes.

Un proceso complejo.

Y de una enorme sofisticación bioquímica, que requiere ajustes precisos y constantes.

Y supongo que influido por nuestros nervios, pensamientos, estado de ánimo…

De hecho, también pensamos con el estómago, que puede sufrir trastornos mentales. Michael Gershon en El segundo cerebro muestra como las disfunciones digestivas están relacionadas con las enfermedades mentales, porque en el estómago se generan muchos de nuestros neurotransmisores.

¿Y por eso decidió usted operarse?

Me he hecho un by-pass gástrico, sí. Me han extirpado parte del estómago y con él parte del cerebro, y así he podido recuperar el control de mi alimentación y acabar con mi obesidad mórbida. Gracias a ese control, además, puedo seguir una dieta cetogénica para que el sistema nervioso entérico precisamente pueda regular mejor mi insulina.

¿Notó mejoría enseguida?

Sí, porque he hecho extraer precisamente la parte del cerebro-estómago que me causaba esos problemas. Y ahora ya no los tengo.
Desde luego, su físico ha mejorado. Pero es que no sólo el estómago: tampoco al páncreas se le considera parte del cerebro y sin embargo dispone de neuronas que fabrican la insulina; igual que las glándulas suprarrenales, que fabrican epinefrina. Y no hay nada más poderoso que la epinefrina en la sangre para cambiar nuestra conducta.
Veo que debemos revisar nuestro concepto craneal del cerebro. Debemos asumir que el cerebro está en todo el cuerpo. Y esa es la línea de mis investigaciones; por ejemplo, con la iluminación.

¿Qué ha descubierto?

Hemos estudiado el modo en que nuestras neuronas interpretan la luz y, como resultado, hemos patentado sistemas de iluminación que ahorran hasta un 20 por ciento.
¿Cómo? Adaptándose a las neuronas y no al revés. Y olvídese de las luces de hoy. Pronto serán todo leds, porque ahorran energía. También hemos investigado en el laboratorio la influencia del flujo sanguíneo en enfermedades que no se consideraban propiamente circulatorias, como algunas de las mentales.

¿Y…?

Hemos demostrado conexiones iluminadoras entre la epilepsia y el alzheimer. Creemos que podemos detectar trastornos circulatorios comunes, muy complejos, en todas ellas, que afectan a determinadas neuronas. También en la degeneración macular asociada a la edad, que es resultado de una combinación de trastornos inmunológicos y circulatorios. Utilizamos L-arginina…

¿Para qué?

Actúa como el Viagra: mejora la circulación. También hemos trabajado con nitroglicerina. De hecho, esperamos que de nuestra investigación básica se deriven nuevas líneas de intervención farmacológica.
¡Adelante!

También trabajo en la conciencia y en la cognición. De ahí mi interés por la magia.

Es usted una caja de sorpresas. Aunque para mí la visión y la cognición son procesos separados, en la magia coinciden y así podemos estudiarlos.

 

 

 

 

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