No estas sola…

“Quien te hizo daño quien
Quien abuso de ti
No me lo digas
Calla yo estoy contigo aquí

Tienes la suerte de
Que cuentas conmigo y se
Que por primera vez
Alguien te escuchará

Pero por favor deja de pensar
Constantemente en él
Y deja de contarme cuando te daño

Si hoy estas conmigo
Es que conmigo estas
Y si yo estoy contigo
Es porque soy tuyo nada más

Arranca el dedo de tu piel
Y deja de vivir aislada en el ayer
Borra tu memoria
Y luego grábame
Si hoy estoy contigo
Es porque soy tuyo
Solamente ámame
Solo ámame

Quien te desdibujó
Y te redujo en nada
Casi mis melodías así será mejor
Tú te mereces más
Más de lo que él te dio
Mira a la soledad
Aquí estoy yo

Pero por favor deja de pensar
Constantemente en él
Y deja de contarme cuando te daño
Si hoy estas conmigo
Es que conmigo estas
Y si yo estoy contigo
Es porque soy tuyo nada más

Arranca el dedo de tu piel
Y deja de vivir aislada en el ayer
Borra tu memoria, y luego grábame
Si hoy estoy contigo
Es que conmigo estas
Y si yo estoy contigo
Es porque soy tuyo nada más

Es porque soy, tuyo
Solamente ámame
Solo ámame
Solo ámame

Quien te hizo daño, quien”

El cuento de la sincera mirada

“Había una vez una chica a la que le gustaba mucho mirar el mundo. Siempre iba con los ojos bien abiertos pues cada imagen que veía era un momento que coleccionaba y guardaba en una caja llamada recuerdo. La gente de su alrededor conocía la pasión que tenía por mirar, así que cuando iban con ella se esforzaban al máximo para verlo todo y compartirlo. A ella le gustaba poder compartirlo… cuatro ojos ven más que dos.

En uno de esos paseos con alguien conocido fue incitada a mirar una imagen que le afectaría tremendamente, la imagen de un cachorro muerto en mitad de la calzada. Era la primera vez que veía algo tan atroz y horrorizada por esa imagen decidió cerrar los ojos y no volver a abrirlos más. Empezaron a pasar los días y su decisión de no ver nada nunca más cada vez era más determinante.

Mucha de la gente que siempre había estado a su lado al ver ese cambio de actitud decidió alejarse de ella, pues su encato residía en la facilidad que tenía de ver lo que muchos otros no podían.

Pasó el tiempo y con él muchas imágenes que había conseguido perderse por su renuncia: anocheceres, eclipses, cerezos floreciendo, sonrisas y miradas que escondían palabras silenciosas… Su vida de repente se había vuelto aburrida y sin sentido, pues aunque el oído había decidido mantenerlo, las palabras no llegaban a transmitirle lo que antes conseguía una sola imagen y dolida solía recurrir a la caja de recuerdos que guardaba en su memoria. Al principio esos recuerdos tenían color pero poco a poco lo fueron perdiendo, al principio las formas eran definidas, pero poco a poco se fueron borrando… Era como una foto que el tiempo iba dañando. Sabía que en cualquier momento podía abrir los ojos. Sabía que era tan fácil como pestañear, pero tenía miedo a hacerlo, tenía miedo a volver a admirar algo que no le gustase y que eso la dañase de nuevo.

Un día, pasados unos años se cruzó por la calle con un transeúnte ciego. Los dos se chocaron y a la vez se pidieron disculpas. Casi sin darse cuenta empezaron a hablar y se hicieron amigos.

Un día él decidió conducirla hasta un lugar. En ese lugar la tierra parecía más pesada a sus pies e incapaz de entender porque le costaba tanto caminar le preguntó donde estaban, a lo que él respondió que en un lugar hermoso llamado playa, arqueó ligeramente una ceja, no entendía como podía saber que era hermoso si nunca lo había visto.

Él se sentó al empezar a notar la humedad de la arena y entonces le contó que recordaba vagamente haberlo visto de pequeño antes de perder la vista, y que aún podía evocar el vaivén de las olas… La chica entre inseguridad y resquemor le dijo que debería alegrarse de no poder ver, que no todas las imágenes eran bonitas.

El chico tardó de nuevo a contestar, pero esta vez lo hizo con decisión.

– Donde hay una moneda hay dos caras. No todas las palabras son bonitas y por ello no dejamos de hablar, ¿no? Las palabras bonitas están para compensar las que no lo son tanto…No todos los tactos son atrayentes ni todos los gustos nos saben bien. No todos los olores son agradables… Pero no pudo renunciar al tacto sólo porque uno no me guste, ¿y los miles de ellos que si me gustan? No puedo renunciar a comer sólo porque haya un sabor que me desagrade ¿qué pasa con la otra mayoría que si me agrada? No puedo renunciar al olfato sólo porque un olor me repugne, habrá que lo compensen. Uno debe aprender a confiar en sus sentidos.

Un pestañeo la alertó. Otro pestañeo consiguió asustarla, y de nuevo un tercero acabó por sorprenderla. De repente dos grandes ventanas le abrían una visión global al mundo… Unas extrañas manchas y algo que no conseguía descifrar…. ¡¡colores!! Eran colores… Había pasado tanto tiempo sin ver que no recordaba ni una cosa ni la otra.

Delante las olas iban dibujándose y al lado la imagen de una persona que sonreía sin ver, aunque se dio cuenta de que sin ojos había sabido ver más que ella… ¿Cómo podía haber sido tan necia? ¿Cómo podía haber dejado pasar todo aquello tan bonito sólo por un momento que no lo era? ¿No valía la pena arriesgarse si la recompensa era aquella?

Había gente que sí le mostraba cosas hermosas, y no porque una vez alguien le mostrara algo que no lo era debía desconfiar de todos… No era justo.

Así que se hizo la promesa de nunca más volver a cerrar los ojos.

Hubo más momentos desagradables, pero se dio cuenta que los momentos buenos los recompensaban…

… y desde entonces decidió que le dedicaría una mirada sincera al mundo…”

Hace un año… escribía esto.

Ha pasado un año, desde que escribí estas palabras… todo era distinto. Mi vida a mejorado a pesar de la crisis, del cambio de trabajo, de ciudad, las niñas son un año más grandes… mi responsabilidad en términos generales se ha reducido a la mitad, no estoy tan sólo. Dispongo de un horario normalizado, más tiempo libre.
Todo no ha sido mejor, evidentemente cuesta adaptarse a una nueva vida, un clima diferente,una vivienda distinta… nos hacemos un poco más mayores.
Pero vivimos.


Repentinamente, me despierto tras un minuto de sueño con los ojos abiertos en un semáforo, me doy cuenta que aquellos compañeros han desaparecido casi todos.

Recuerdo a la flota de “compañeros allegados” de aquellos años… y ya no estan “en activo” casi ninguno. Los pocos que quedamos nos separamos y no volvimos a repetir aquellas primeras vivencias que tuvimos en su momento y aquello se acabó.

Compartimos sesión de cine con nuestras novias… hoy ni están las novias, ni están aquellos salones de cine e incluso las películas se quedaron ridículas. Ni las cenas compartidas, con el mismo tema de siempre. El taxi.

Los números siguen siendo los mismos que eran, siguen plasmaditos en las puertas de los nuevos y blanquísimos taxis. Pero ellos no son los mismos; son más actuales y más vitales lógicamente.

¡¡ Han transferido licencias tantos !! El Ayuntamiento propone y dispone de SUS numeritos y los aumenta o retira a su antojo a pesar de que algunos hablan como propiedades…(Que nos lo digan a los más de mil taxistas en la “famosa asamblea”, al final se hizo lo que el AYUNTAMIENTO quiso en contra de todos) Eso no importa demasiado ahora, pues estamos de paso -¿sabes?

El taxi aquel que pasó del padre al hijo o a la hija; se produjo el relevo y todo está igual, contradictoriamente todo ha cambiado también.

Nos cuesta creer a veces la edad que tenemos por nuestro comportamiento, queremos seguir como siempre y eso no es así. A veces los cambios son para mejor, aún cambiado de rutinas.

La línea del final de una historia o una profesión es muy personal y nadie la entiende mas que el propio interesado.

Mi hábito de caminar por el mismo parque que hace veinte años, me recuerda que en tardes de otoño como la de ayer, donde sólo se oyen mis pisadas entre las hojas ya secas y los kioscos que ya empiezan a cerrarse casi definitivamente, después de dar los últimos coletazos por las Fiestas del Pilar, anuncian que todo sigue igual.

Realmente somos como las hojas de temporada, así que déjate llevar por el viento, todo lo más suavemente posible, puesto que el árbol que te sujeta, seguirá en pie muchos años más, dando nuevas hojas, nuevas historias…

” Quien habla mal de mí a mis espaldas mi trasero contempla”

La sabana, un león y un puerco

Moderación y autocontrol

Los gritos y amenazas no son el mejor camino para conseguir las cosas que queremos, ni los amigos que queremos.

Había una vez un león afónico. Era afónico desde siempre, porque nunca había podido rugir, pero nadie en la sabana lo sabía. Como desde muy pequeño había visto que no podía rugir, había aprendido a hablar sosegadamente con todo el mundo y a escucharles, y convencerles de sus opiniones sin tener que lanzar ni un rugido, ganándose el afecto y confianza de todos.

Pero un día, el león habló con un puerco tan bruto y cabezota, que no encontraba la forma de hacerle entrar en razón. Entonces, sintió tantas ganas de rugir, que al no poder hacerlo se sintió en desventaja. Así que dedicó unos meses a inventar una máquina de rugir que se activase sólo cuando él quisiera. Y poco después de tenerla terminada, volvió a aparecer por allí el puerco testarudo, y tanto sacó al león de sus casillas, que lanzó un rugido aterrador con su máquina de rugir.

– ¡¡¡GRRRRROAUUUUUUUUUUUU!!!

Entonces, no sólo el puerco, sino todos los animales, se llevaron un susto terrible, y durante meses ninguno de ellos se atrevió salir. El león quedó tan triste y solitario, que tuvo tiempo para darse cuenta de que no necesitaba rugir para que le hicieran caso ni para salirse con la suya, y que sin saberlo, su afonía le había llevado a ser buenísimo hablando y convenciendo a los demás. Así que poco a poco, a través de su tono amable y cordial, consiguió recuperar la confianza de todos los animales, y nunca más pensó en recurrir a sus rugidos ni a sus gritos.

Más importante que las banalidades y miserias humanas…

Bueno, por fin pasamos el día de huelga… una huelga que no compartíamos las mayoría. Una huelga siempre es un fracaso, no entiendo a quienes hablan de ella como éxito o fracaso como si hubiese otra forma de ver el desasosiego de un país.

De cualquier manera, nosotros cerramos la librería y sólo por no buscarnos problemas. No somos amigos de enfrentamientos ni de disputas, queremos garantizar el bienestar de nuestra familia, sencillamente eso. Nada más.

Ayer edité un post sobre la huelga y esta mañana lo borré… creo que no merece la pena amargarse por nada de este asunto y menos utilizar palabras toscas, aunque se piensen. Por eso después del desahogo, opté por borrarlo.

En estos momentos, llueve sobre Oviedo y la ciudad empieza a tomar la normalidad y eso es mucho más importante que la huelga.

La basura esparcida la recogerán los obreros,trabajando el doble y que seguramente verán mermados sus ingresos por causa de ésta huelga organizada, obligada y manipulada.

Mientras los verdaderos sinvergüenzas estarán analizando estadísticas y falsificando verdades o “etiquetando” toda la trama.

Supongo que mañana tendremos la prensa diaria para poder vender y poco a poco olvidaremos un tiempo perdido.

-¿No te parece?

Deja tu comentario, esta vez SI te pido la opinión.

Observación directa

¿Qué hacemos cuando observamos?
Nuestra respuesta habitual es desear
que las cosas sean diferentes de lo
que son.
Deseamos que las cosas sean
mejores, que mejoren
progresivamente
o que sean tan buenas como fueron
en momentos luminosos del pasado.
Pero la conciencia momento a momento sólo ilumina lo que es, no
implica reacciones, comparaciones, prescripciones ni recetas para
mejorar. El conocimiento de cómo vivimos, cuando estamos solos o
con otros, surge de la observación directa, no de pensar cómo deberían
ser las cosas. Y cuando por instantes prevalece la conciencia sin dar
lugar al juicio en favor o en contra, se ve con claridad que el solo
hecho de estar en contacto con las condiciones interiores y exteriores
tal cual son tiene su propia sabiduría.
Todos podemos alcanzar este conocimiento.
Todos sin excepción hemos sido condicionados para reaccionar
inmediatamente a lo que está sucediendo en y alrededor de nosotros
pensando en ello; hablando con nosotros mismos o con otros de
manera crítica y, a menudo, repitiendo una y otra vez los mismos
pensamientos. Los pensamientos evocan emociones y provocan
tensiones, excitación y agotamiento, y pueden llegar a enfermar.
La conciencia revela que esto simplemente es así.
¿Es posible hacer una pausa, mirar, escuchar y experimentar lo
que está ocurriendo sin reaccionar inmediatmente con pensamientos
acerca de ello? ¿Puede haber una mera percepción, experimentar
con apertura e inocencia esta corriente, sin quedar atrapado por
ideas de lo que es bueno, lo que podría ser mejor o quizás peor?
La conciencia no es progresiva, ilumina lo que es sin sensación del
tiempo, sin separación del yo. La conciencia nos libera de querer
mejorarnos o condenarnos. Ilumina los patrones habituales de
pensamiento y sentimiento y, simultáneamente, nos abre a todo lo
demás que está sucediendo en este instante: la respiración, el canto de
un pájaro, el sonido de un motor, el silbido del viento, los pensamientos
que se mueven, el cuerpo que se tensa y se relaja…
¿Qué somos si no pensamos acerca de nosotros mismos todo el tiempo?
¿Qué somos cuando simplemente miramos, escuchamos y
experimentamos sin preferencias lo que hay en este espacio infinito de
existencia?
-Toni Packer