Cristales empañados


El otro día reñí a mi hija Lucía porque se entretenía en dibujar con sus deditos una especie de corazón en un cristal empañado del taxi.

Lucía se entristeció tanto que el cristal comenzó a llorar y empecé a darme cuenta que la creatividad y la expresión, no se le puede negar a un niño o a un enamorado. Que luego, sólo son los locos y los borrachos los que tienen el arte de asombrarnos con sus palabras y sus verdades.

Por todos los niños del mundo, para que puedan ser niños y no seamos los adultos tan perfectos y tan cuadrículados.

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