Paseo Urbano



Cual corzo perseguido
por monteros fieros.
El espíritu poseído
por un niño travieso.
por la ciudad correteo descalzo
sintiendo bajo mis pies el frescor
de sus prados de asfalto.

Admirado observo a los animales
de brillantes colores metalizados
y en estridente alarido me uno
a sus ritmos de cláxon.

Incansable escalo montañas
de cemento y hierro forjado
y mis pulmones inundo en sus cimas
de amósfera estancada y aire viciado.

Por negros arroyos
en corrientes humanas navego
de caras sin rostro y ojos ciegos.
Libre soy en la muchedumbre
donde no tengo pasado ni nombre.

Al llegar la noche,
bajo artificiales luceros paseo
que con sus luces ambarinas resultan
más hermosos que los del cielo.

Como a un Dios tirano
mi vida consagro
al tic-tac acelerado
que me empuja sin rumbo ni descanso.
¡Quién quiere naturaleza si poseo
hormigón, hierro y asfalto!

A. Martínez Frago

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