" Luanco "

Siempre que visitamos Luanco lo hicimos cuando sólo se escuchaba el mar y el viento. Con nuestras caras frías y tomando un café caliente en algun local próximo a la orilla. Recuerdo en el pasado, unos “paisaninos” echando la partida de cartas por la tarde, en aquellos días desapacibles pero intensos para nosotros.

Ayer tarde Luanco estaba desconocido para mí, claro. Su fría playa cantábrica, lejos de encontrarse abarrotada pero sí bien animada.

Las terrazas bien pobladas; vasos y jarras helados, donde la espuma de una cerveza bien deseada resbalaba por la mesa. Y el bullicio de la gente.

Susi, la pequeña no para ni un segundo. No duerme siesta siquiera, puro nervio.

En la terraza, observo una pareja de unos treinta y muchos que no se hablan, pero los veo al menos serenos y distraídos individualmente con sus móviles. Café con hielo y poco diálogo. Disfrutan de “su momento”.

Después de un día tranquilo, vuelvo a disfrutar de la desconexión y la lejanía de la taxiterapía rutinaria y mañíca. Susy vuelve a disfrutar tomando carreteras asturianas conduciendo y conversando con Jony, su hijo grande.

En los asientos traseros vamos la pequeña Susy con los pies descalcitos y partiendose de la risa, cantando y rendidita. Yo mientras a su lado, tonto perdido y sin parar de hacerle las gracias típicas a una niña de dos añítos. De vez en cuando tomo alguna fotuki con el móvil, porque ni siquiera recordé traer mi cámara de fotos habitual…

La vida es bella.

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