" Un cuscurro de pan "

Turón es un pueblecito de Asturias donde hace 77 años nació Ramón, nuestro protagonista. Es el octavo niño de nueve hermanos, donde rodeado de un ambiente húmedo asturiano, creció poco a poco impresionado por el carácter de sus padres. Su madre era una mujer de expresión dulce y dispuesta a ofrecer amor y repartir bondad, aún quitándose alimentos de su propia boca para algún pequeñín que atento, esperaba de ella, el bocado de pan que como de costumbre su padre guardó de su ración diaria.

Una ración escasa que durante doce horas trabajando en las minas asturianas, debía alimentarse aquel hombre, que tanto impresionó a sus hijos…

” Aquellos cuscurros de pan tenían un sabor distinto, sabían a mina y a gloria. Olían a mi padre y eso era algo inexplicable… representaba seriedad, respeto por mi madre y experiencia en la vida, todo ésto en un cachito de pan.”

“Mi padre antes de ser minero probó suerte en Ceuta, quiso no arrepentirse nunca del sueño de juventud que le acompañaba en sus cavilaciones de padre de familia numerosísima. Marchó con intención de hacer fortuna en aquel lugar y luego venir a por nosotros. Pero las cosas no fueron bien, y con mucha vergüenza, con el ego herido regresó a Asturias y su vida la pasó entre túneles y martillos, en la oscuridad, con la mente abrigada por su dulce mujer y sus chiquitines que le esperaban ansiosos. Ellos fueron su claridad y su sol, su verdadera misión en la vida, sacarles adelante.

No hubo nada más en esa vida.

Fué bastante. por supuesto que sí.

Respeto, trabajo, constancia y empeño por la vida.”

Cuando Ramón creció, marchó a Madrid a estudiar, ingresó en el seminario y allí forjó su formación como profesor y sacerdote. Un ir y venir a Asturias donde conservó raíces de identidad a pesar que perdió grandes acontecimientos familiares.

Su vida está marcada por el amor que recibió en los brazos maternos, aún con sotana era un mimoso niño. Mimos que poco a poco supo dosificar a los demás, en una vida entregada a la enseñanza y religión. Una vida en la que no faltó ilusión.

Y los años pasaron y mientras el tiempo corre sin parar, los ojos de Ramón, se empañan agradecidos por mi escucha y comprensión…

Muy a menudo, Ramón visita el panteón de granito que él mandó reformar, en el cementerio de Turón. Allí regresa a conversar con sus padres: Fructuosa y Ramón. “Sólo agradezco, nunca rezo. Les doy las gracias por lo que ellos hicieron de su vida por esos pequeñínes que fuímos hombres y mujeres de bien…”

– Ramón, te admiro como persona y AMIGO. Eres una de las personas mas entrañables que he conocido.

Jose.

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5 comentarios en “" Un cuscurro de pan "

  1. Es bonito desahogarse y también escuchar y aprender del maestro.

    Valores humanos.

    Vidas que se van y vidas que vendrán.
    Todas tienen brillo y sentimientos.

    Nunca lo pasado fué mejor, pero mola.

  2. Jose enhorabuena por amigos como él, personas como él y de su oficio es lo que me hace creer en personas religiosas aunque no creo en la religión, pero como ayudan a la gente les admiro porque eso es religión, vida, amor. Cuscurro de pan, cuantos nos han dejado nuestros padres alegando falta de apetito, nos damos cuenta ahora, que tu bonito relato sea un homenaje a todos los que sacrificaron sus bocados para los demás. Un abrazote Jose.

  3. Santi, es la realidad de ésta persona.

    Yo no creas que soy un religioso… para nada, lo que ocurre es que éste hombre es una bella persona. Cura y profesor también, pero eso es lo de menos.

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