Entre la locura y la cordura


Eduardo 29 años, enfermo hace unos años de una esquizofrenia que le hace ser un luchador consigo mismo, estudios en el pasado, una oposición aprobada en la Guardia Real. El destino le jugó una mala pasada y algo dejó de funcionar en su cerebro como hasta entonces. Obtuvo la jubilación por la enfermedad y a partir de ahí, ha sufrido la incomprensión de muchos seres, algunos de ellos demasiado cercanos…

Hace unos meses lo conocí en el taxi, llevaba una maleta repleta y unos archivos que le ocupaban tres cajas grandes. Eran unos documentos de un curso a distancia. El muchacho se empeña con sacar adelante, un reto de los muchos que está pasando. Cuando yo lo llevé hacia el hospital psiquiátrico en San Juan de Mozarrifar comprendí lo difícil de su situación y que la suerte, sólo de la suerte dependía su futuro.

Ésta mañana al visualizar su nombre en el dispositivo gps del taxi y la dirección del centro psiquiátrico, supe que volveríamos a conversar sobre muchas cosas. Así que le pregunté por él y por su vida.

“-Estoy tranquilo, aunque demasiado psiquiatrizado me dijo. No me gusta pero creo que me estoy volviendo una persona cargante cuando hablo de mi mismo y de mis problemas. Prefiero hablar de lo que hablan la gente normal, del tiempo, de fútbol o de chicas”

Es duro estar en una situación así, pude observar cultura aprendida, detrás de esa mirada triste y melancólica. Teoría medica aprendida de memoria en la mente de quien sabe memorizar. Educado y correcto. Demasiado bueno, muy sincero diría yo. Pero no loco, por Dios nada de eso. Tan sólo muy distinto.

Las personas buenas son demasiado propensas a caer en batacazos impresionantes en la vida, incomprensión que se pierde entre lágrimas de amargura. Fueron como nosotros y seguramente como el caso de Eduardo mucho más inteligentes.

Me agradeció mi interés por él, elogió el techo acristalado del taxi, y precisamente por él traspasaban los rayos de sol iluminando las gotitas de sudor de agobio, en la frente de mi querido cliente que asumía su problema, afanándose de no parecer un pesado, tan sólo quería recuperar la normalidad emocional.

Seguimos hablando de un antiguo trabajo temporal que tuvo en Almería, de sus malas compañías… me lo ví venir y no quise saber mucho más. Continuamos conversando de sus padres y su convivencia tan solo de agradecimiento por haberle dado la vida.
Faltaba poco para llegar al destino, se encontraba mas relajado…

“-Disfruto del momento y me basta, eso es todo. Mañana Dios dirá”

He llegado a la conclusión que entre los límites de la locura y de la razón existen valores humanos sinceros, difíciles de entender y que nos pueden enseñar mucho en la vida. Sólo hay que ser buenos y respetuosos receptores de quienes lo estan pasando mal sin saberlo del todo.

La lección que me enseñó Eduardo fué:

“Prefiero hablar de cosas banales, antes de que no me comprendan y dañen más mi tierno corazón”

Suerte, Edu.

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La cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse.
Amado Nervo (1870-1919) Poeta, novelista y ensayista mexicano.

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Un comentario en “Entre la locura y la cordura

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