" Halloween, la excusa perfecta "

Mañana se celebra un acontecimiento más, que poco a poco va tomando cuerpo en la sociedad que vivimos tan consumista y devoradora de productos comerciales.

Ayer, estando en la parada de taxis en el centro comercial “Grancasa”, se subió una señora al taxi; tendría unos sesenta y ocho años mas o menos. Una señora ya mayor, pero muy cuidada en su forma de vestir y muy educada en su forma de hablar y parpadear con dulzura y sosiego propia de una mente sana y lúcida.

El destino era la urbanización de Montecanal, un residencial de lujo en su mayor parte, y por tanto nos esperaba un rato de agradable conversación…
Fué ella la que rompió el hielo y comentó que le encantaban los zapatucos que llevo colgados en el espejo retrovisor; de Susi, son de recién nacida y mi ilusión sería llevarlos a un joyero a darles un baño de plata y conservarlos como algo especial, pero mientras llega el momento que me pueda permitir ese “exceso” los llevo con igual amor ahí colgaditos.

-Yo también tengo nietecitas como su hijita, y ésta tarde cogeré el ave y me iré a Madrid a buscarlas, la verdad es que llevo mucho trasiego; desde que lo pusieron en una hora y media estoy en Madrid… Desde Atocha a Las Rozas que es donde voy tardo más casi que venir a Zaragoza.
-Estuve en el centro comercial comprando disfraces para Halloween y castañas y boniatos para asarlos en la bodega que tenemos en mi casa, solemos juntarnos más de quince. ¿ No la celebras tú con tu familia ?

-¡Caray que suerte señora poder celebrarlo con tanta gente!, nosotros no lo celebramos.

-Bueno aunque la fiesta no procede de aquí de España, es una excusa perfecta para reunirme con lo que más quiero en mi vida, que es la familia,

-Señora, que hace usted muy bien, si es por esa causa que mas dá.

-En la navidad lo mismo nos reunimos mas de cuarenta, en mi casa que es grande, se puede hacer y es lo único que me llena y motiva.

Una sombra de admiración y envidia sana recorría mi cara más deprisa que el taxi que estaba entrando por la avenida de La Ilustración. Cuando llegamos al cruce con la calle Bellas Artes, le pregunté que exactamente donde iba.

-Voy a Hermesinda de Aragón. Oiga usted debe ser muy feliz también con sus niñitas, ¿verdad?

-Sí lo soy, señora pero me da usted sana envidia por la unión familiar que usted tan bien describe, la voluntad de hacer ese viaje por abrazar a sus nietecitas.

Lo que no le dije era que sentía admiración por su actitud, por saber envejecer tan joven por dentro, y saber llevar con dignidad la riqueza que muchos anhelan, que aunque no es mi caso, confieso que no andaríamos de sobras con una pequeñísima parte de lo que a otros les sobra.

En éste caso para mí, estaba de sobras justificado Haloween, o la Verbena de la Paloma, si en el fondo es una excusa para abrazar a tus seres queridos.

Los ricos a veces también son buenas personas, una cosa no quiere decir la otra y viceversa hacia los menos ricos.

Recordé que hoy sería protagonista la buena señora de mi post, y que en un segundo plano estarían las calabazas y los huesos, calaveras y demás parafernalias.

Éste es un texto del origen de Haloween, espero que os guste:

“La historia del Halloween se remonta a hace más de 2.500 años, cuando el año celta terminaba al final del verano, precisamente el día 31 de octubre de nuestro calendario. El ganado era llevado de los prados a los establos para el invierno. Ese último día, se suponía que los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las “decoraban” con huesos, calaveras y demás cosas desagradables, de forma que los muertos pasaran de largo asustados. De ahí viene la tradición de decorar con motivos siniestros las casas en la actual víspera de todos los santos y también los disfraces. Es así pues una fiesta asociada a la venida de los dioses paganos a la vida.”

Cuéntame un cuento: "Pompas de jabón"

Esta es la corta historia de unas pompas de jabón que decidieron viajar hasta donde el viento las llevara: querían conocer el paisaje que las rodeaba.

Con la primera ráfaga de viento levantaron el vuelo y descubrieron millones de colores que se mezclaban: verdes, azules, naranjas, amarillos, dorados, marrones,…Colores nuevos, colores diferentes, colores inventados, colores que olían bien.

Todo era maravilloso. La luz del sol las acariciaba y las hacía cambiar de color.

Ellas podían distinguir los grandes árboles, la hierba fresca, los pájaros danzando en el aire y el agua susurrante de un riachuelo.

Con la segunda ráfaga de viento volaron aún con más fuerza y algunas ¡plaf!, se mezclaron con el cielo.

En su paseo decubrieron al pastor con sus ovejas que las miraban con curiosidad, a la ardilla y al mapache, y también a las hormigas obreras.

Reían nerviosas, llenas de curiosidad y en su vuelo pudieron ver cientos de mariposas que como ellas se dejaban llevar. No había ninguna mariposa igual.

¡Qué tesoro y qué sorpresa descubrir tanta belleza!.

También ellas son muy bellas, les susurra el viento, aunque duren tan poquito tiempo.

Y es que durante el paseo han ido desapareciendo, se han llevado con ellas sensaciones y recuerdos: de montañas gigantescas¸de valles soleados, de hojas secas y olor a naturaleza.

" Haciendo casa "

Lo que voy a escribir hoy en el blog no es nada nuevo ni nada espectacular; me refiero a lo que cuesta poner una casa en marcha, con las comodidades necesarias mínimas para llevar una vida digna y aceptable.
Poco a poco hemos ido colocando cosa a cosa en algun lugar de la casa. Ayer por fin compramos un cabecero de forja para nuestra cama, y la verdad que quedó precioso. Hace unas semanas recibimos un regalo de boda muy especial, que fueron las cortinas de nuestro dormitorio, así es que todo ésto va tomando forma y no con la velocidad que a mí me gustaría, pero lo importante es que no perdemos ilusión y empeño.
Ocurre que con las tres niñas, se agobia uno bastante, pero desde luego que compensa cuando dia a dia las ves crecer.

La semana pasada pintamos el hall de entrada de color verde clarito y beig, nos quedó muy acertado, a pesar que lo hicimos a nuestro gusto.

Siempre hay algo pendiente de hacer y siempre algo que espera a veces demasiado porque cuando vengo de trabajar sólo tengo ganas de descansar o escribir aquí. La televisión es un mundo desconocido para mí, y en general en nuestra casa se ve muy poco. Recuerdo que en la cocina teníamos una y al final acabamos quitándola porque no le hacía caso nadie. Preferimos hablar o discutir a veces…jajaja.

A pesar que en un futuro no muy lejano pensámos en marchar a Asturias, tenemos que seguir luchando por nuestras hijas y por el hogar. Ciertamente siento pena cuando veo lo bonita que va quedando la casa y lo confortable que es vivir en éste pueblo tan cerca y tan lejos de la ciudad. Somos unos privilegiados de poder disfrutar con salud todos éstos sentimientos.

Está haciendo por fin, mucho frío en la calle y en nuestra casa, encendímos por primera vez la calefacción, y las niñas descansan en sus camitas esperando un nuevo dia.

P.D. Hoy leí en el periódico que el niño de Zaragoza llamado Carlos que necesita una intervención de urgencia por valor de más de 800.000 euros, casi han conseguido recaudar ésta cantidad, es una buena noticia en tiempos de crisis económica, pero no de voluntad y esperanza.

Mi parque Grande, es especial

Os presento a mi Parque Grande, los que sois de Zaragoza ya lo conocéis…
Éste parque sabe mucho de mi vida de mis ilusiones y de mis reflexiones; cuando yo tenía dieciocho años iba todos los días a correr ocho kilómetros que más o menos eran tres vueltas del recorrido del trenecito que todas las tardes recorre sus entrañas arboladas.
El caso es que significa mucho para mí por las veces que disfrutaba mi soledad, o que sufría mi silencio. Recuerdo que algunos años atrás solía caminar treinta y cinco minutos casi a diario mientras el Audi A4 (taxi) descansaba a la sombra de los pinos. Entonces era otra época y me dedicaba a ver la vida a mi manera. El silencio era mi peor aliado, tan sólo escuchaba los pájaros más cercanos, o las hojas de los árboles que caían en mi cara mientras yo perdía la mirada en las copas y en el cielo casi siempre azul. No trabajaba demasiado, tampoco tenía responsabilidades como ahora, era bastante diferente a como soy en la actualidad, eran otras circunstancias. No era más feliz, simplemente era un solitario inquieto que pensaba más que hablaba y escuchaba.
La visita al Parque Grande me creaba adicción diaria y es una costumbre que deseo recuperar. Lograba desconexiones importantes, en las calurosas tardes veraniegas. Recuerdo la fuente junto al bar “La Rosaleda”, el saludo de su propietario, y su coche; un opel omega gris Z-AV. La jaula llena de pájaros, mitad canarios, mitad periquitos. Parece que fué ayer.
Mi querido Parque, mi asignatura pendiente es volver a soñar despierto entre copas de árboles y azules cielos entre rugidos de taxi e inquietudes.

Los aromas de las rosas, el aleteo de las palomas, el pipipi del tren antes de tomar la curva, y el chapuzón en la fuente, las mismas caras de aquellos jubilados que diariamente iban a lo mismo que yo, y el taxi aparcado en lo alto del paseo Villa de Calcena, que era bien observado desde mi banco, junto al busto de Paco Martínez Soria, donde se lee la leyenda: “Hacer reir, es una bella forma de hacer el bien”, y en otro costado: “El trabajo fué siempre gran amigo mío”. Descansa en paz y guárdame el Parque.

Colecciono luces nocturnas de las ciudades…

Colecciono luces de ciudades que visito, voy archivando imagenes según vienen llegando en mi vida.
Me impresiona cuando viajo por la autopista de noche veloz en el taxi, ver las luces de las ciudades como vienen hacia mí, o yo hacia ellas, observo con cariño y ternura la grandeza natural del cielo negro adornado de estrellas y luceros, me gusta descubrir al que no centellea en la noche; mi amor me dijo que ése era un planeta y por eso cuando lo veo brillar recuerdo sus ojos y su sonrisa, lo imagino como yo estoy en ese momento.
Observo las luces de las farolas que son puntitos deslumbrantes y hacen collares de calles, y piedras preciosas son los colores de los rotulos que parpadean indicando vida humana. Imagino personas descansando a esas horas, gente insomne y nerviosa, desamores esperando el amanecer y lágrimas que salpican la almohada.
Los polígonos industriales son para mí la realidad de la vida, mientras ellos descansan, otros trabajan y eso será para siempre, por ahora.
Pienso en las cosas que hacemos en esas ciudades que ahora duermen. Me gustaría conocer con detalle, pero una vida no alcanza, no alcanza para tanto, quizás eso es mejor tal cual está.
Cabilo mientras observo una nueva imagen, otro núcleo urbano… y cómo se parecen unas a otras por mucho que nos extrañe, somos entrañablemente humanos.

Coleccionista de inventos, de luces y destellos, de collares y de calles, de coches y de taxis.

Y no quiero dejar de sentir el escalofrío que me dá el saber lo sensible que me siento, las lágrimas que corren por mi cara deslumbrada al pasar una localidad. Esto me recuerda que estoy en la misma percha que cuando era niño, la misma sonrisa en el mismo alma.

En el ruedo.

Toros y toreros.

Los primeros, son aquellas personas que van siempre de cara, con una actitud muy proactiva, que afrontan los problemas con energía y bastante convicción. Siempre quieren solucionar las cosas y ayudar. Por tanto, metafóricamente, embisten los problemas e intentan “cornearlos”.
Los segundos, son aquellos que no afrontan los problemas de cara, sino que sacan su capote y proceden a “torearlos” sin hacer nada más, dejando pasar el tiempo sin tomar decisiones relevantes.
Está claro que podemos establecer categorías dentro de cada grupo, por ejemplo, en función de la ganadería del toro, o de la maestría del torero, pero para mí eso no es demasiado significativo.
Lo que sí me parece relevante es cuando se da la relación entre un toro y un torero, porque acaba ocurriendo siempre lo mismo: El toro embiste los problemas. Intenta hacer, ayudar, trabajar, dedica energía y empeño, pero acaba exhausto, frustrado, y malherido, con un torero que le va clavando “banderillas” continuamente, avivando su embiste pero recordándole que no lo está haciendo todavía bien.
Ni que decir tiene que son los toros los que piden ayuda, porque son conscientes que alguna cosa no funciona. Se sienten cansados y heridos, culpables por no saber hacer las cosas mejor, creyendo que son el motivo de la infelicidad de su entorno más inmediato.
Los toreros, desde luego, no la pedirán jamás; eso para los débiles. Son tonterías de manual de autoayuda, y sólo aceptan que la pida el toro para que sepa ser mejor toro, pero ellos viven deslumbrados por los reflejos de su traje de luces, y no ven nada más allá.
¿Qué pasa cuando el toro hace un proceso de reflexión que le resulta útil?
Pues que se da cuenta que el coso es más grande que la porción donde está el torero, y generalmente decide cornear en sitios más productivos. Eso en los peores casos, porque la mayoría deciden que no vinieron a este mundo para morir en una plaza pública, y se van al campo, que es un sitio más interesante para explorar, que el simple capote rojo de un torero.
Y cuando esto ocurre, el torero se queda solo en medio de la plaza. Y ¿cómo puede brillar el torero sin un toro que torear? Las maldiciones retumban en un plaza que siempre se queda vacía… ¿Qué sentido tiene alguien solo, con un ridículo traje dorado?

P.D. Éste texto en casi su totalidad está copiado en la red. Creo que es muy útil su contenido y nos hace contemplar la vida desde el albero

"La hora mágica"

Mañana mismo sin ir más lejos, nos regalan una hora que no cuenta,exactamente de 02:00 a las 03:00 horas am.
Así de pronto suena a cosa normal o poco atractiva la cosa; pero esa hora puede ser mágica si le ponemos imaginación y color.

Ese tiempo que son sesenta minutos, pueden suceder muchas, muchísimas cosas. Puedes utilizarla en dormir un rato más o de ir de marcha con tus amigos o de trabajar una hora más; si es ésto último: ¡maldita sea la hora!

Yo me propongo aparcar el taxi en lo alto de una montaña.

Y SOÑAR.

Donde sea más fácil despegar a volar en la alfombra voladora que posee Aladino y viajar con él al pasado durante veinticinco minutos; así poder ver a mis antepasados y observar sus manías,sus alegrías. Poder sacar conclusiones de lo que yo debo corregir o imitar en ellos, deseo acercarme tan cerca que pueda tocar y besar a mi abuela que tan especialmente la recuerdo, a pesar de que el encuentro sea virtual y entonces se esfumen los besos por el espacio.

Rápidamente y sin tiempo que perder, nuevamente a bordo de tan hermoso artilugio volador, bordado en oro y suave terciopelo rojo. Quiero viajar al futuro y así poder ver los avances de la humanidad, sus nuevas costumbres y culturas, observar la belleza de la raza humana mezclada como nunca jamás soñé.

Abriré bien los ojos cuando vea a mis hijas dando de mamar a mis nietos…riendo e ilusionadas con los pucheritos de sus bebés.Estan todos miembros reunidos, pero no me quiero buscar a mi mismo, y menos todavía a Susy no vaya a ser que ya seamos pasado.

¡Caray! una lágrima resbala sobre el rostro de una ancianita cuando le dan unos abrazos unas jóvenes mujeres: Una alta y morena, delgada y esbelta, otra guapísima con mirada cautiva y fuerza en sus manos, otra un poco mas joven sigue achuchando a mamá, junto al árbol de navidad…

Un abuelito términa de leer un periódico, pero no es de papel, es de plástico reciclable, con leds y sensores. Se lamenta de no sé que… me suena su parecido, pero no, no puede ser, yo soy distinto.

Yo no quería volar tan lejos, pero Aladino es así…

Nos quedan tan sólo diez minutos y ya estamos a 25 de Octubre de 2008, en lo alto de la montaña, en Alfajarín… no quería decir el nombre ni el lugar, pero da lo mismo, que quede entre nosotros.

-Este tiempo que nos queda es para que te des cuenta lo hermoso que sois los seres humanos, que veas el sentido que tiene el trabajar y el esfuerzo.
-Mírame a los ojos: me dijo Aladino, y dame un abrazo tan grande que me transporte toda tu energía necesaria para regresar a mi época…
-Antes de marcharme, toma en tus manos la lámpara maravillosa de recuerdo, porque tus tres deseos ya tienen nombre y apellidos: Silvia, Lucía y Susi.

Torito en Alfajarín