Atardecer Incierto

Menuda poca gracia que me hace no parecerme al taxista de delante o al repartidor de Uber Eats que mira de reojo al semáforo mientras termina de consultar a su smartphone.

Mientras ellos se centran en su trabajo yo miro al lateral de la ventanilla derecha y también el semáforo compartido con el chico de Uber.

Una vez más observo el resplandor de los rayos que atraviesan las verdes hojas de los afortunados árboles que viven junto al Canal Imperial de Aragón.

Ser coherente no ayuda a ser feliz.

Ser nostálgico no crea bienestar a corto plazo…

Vete a saber si dentro de cien años no habrá alguien igual de tonto que yo que mire con admiración a la nada.

Y es que  a estas horas ya no tengo ganas de casi nada… Mañana será otro día, pero mientras, como quien no quiere, me da tiempo a dispararle una foto a ese lugar bien lleno de transeúntes y coches…

Luego observo que en la foto no sale ni el de Uber ni el taxista ni el podenco ni el abuelo de la gorra gris.No sale nadie. Todo son sueños, todo es fantasía en la travesía de mi vida.

En la ciudad

Mi ciudad, la que me hace sentir y me hace vivir.

Testigo de mis soledades y mis alegrías.

El combustible de mi vida…

Ahora luce esbelta y majestuosa en los primeros rayos de luz de la mañana.

Más de tres décadas recorriendo calles y gentes. Vivos y muertos, dan mucho para contar y mucho para olvidar.

Deseada y odiada. Justicias e injusticias.

Zaragoza querida, ahí quedarás inmortal e inmune bajo la atenta mirada de tu Virgen del Pilar.

El Ebro pasará en silencio.

Y entre coplas y mañicos, la vida seguirá hermosa siempre.

Eso espero.

Dios te salve María.